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¿Hasta qué punto las ciudades enferman o matan a sus ciudadanos?

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La preferencia de los ciudadanos por vivir en ciudades parece imparable en el siglo XXI. Ya en 2014 se calculaba que el 54% de los habitantes del planeta vivían en ciudades (28 de ellas megaciudades de más de 10 millones de habitantes) y esta proporción ascenderá a un 66% en 2050 y a 40 el número de  megaciudades en 2030.

Antes de que se haga realidad esta pesadilla, reconozcamos que la ciudad es el entorno preferido de nuestra civilización, debido a sus indudables ventajas de ahorro de espacios, acumulación de servicios, organización de la vida familiar y personal, oportunidades de trabajo, apoyo social y sanitario, etc.. Las ciudades, por tanto, deberían mejorar nuestra salud.

Sin embargo, no son estas las conclusiones del reciente estudio de Mueller y cols, publicado en 2017 en Environment International. Ya expresamos aquí, en el Boletín de Enero de 2016, las inquietantes conclusiones del estudio sobre mortalidad en España de Laura Reques y cols y cols, con menor mortalidad en las provincias más rurales y este estudio viene a confirmar nuestros temores. Los autores han seleccionado, para acotar bien el estudio, la ciudad de Barcelona, realizando los cálculos con sus 1.357.361 habitantes mayores de 20 años. Estudiaron la morbilidad y mortalidad anual en la ciudad y revisaron las condiciones de exposición de los ciudadanos a algunos determinantes de salud como: la actividad física, exposición al aire contaminado, ruido ambiental, calor ambiental y acceso a zonas verdes.

Seguidamente han utilizado la herramienta UTOPHIA (Urban and Transport Planning Health Impact Assessment), que especifica los niveles saludables de estos determinantes y calcula su impacto en salud respecto a los niveles realmente existentes en Barcelona. De este cálculo se han obtenido una estimación de gran valor en Salud Pública que combina los años potenciales de vida perdidos y los vividos con discapacidad: los DALYs (Disability Adjusted Life Years o años  perdidos de vida ajustados por discapacidad).

Los resultados publicados muestran que el no cumplimiento con estos estándares de salud en la ciudad de Barcelona cuesta anualmente 52.001 DALYs a sus habitantes (13% de los días totales perdidos). Así mismo, destaca por su impacto el ruido del tráfico como un componente fundamental de esta pérdida de salud y de años  de vida (36% del total). Los autores calculan que esta falta de condiciones saludables de la ciudad cuesta 20.1 millones de euros al sistema sanitario, sólo en costes directos de atención a la salud.

Estos resultados son probablemente extrapolables a muchas ciudades españolas y muestran hasta qué punto es importante una acción urgente y decidida de los responsables locales, autonómicos y estatales para convertir las ciudades en lugares saludables. La lucha contra el ruido urbano, tanto el derivado del tráfico como el derivado de actividades industriales y lúdicas, se convierte en un reto inaplazable. Los niveles de ruido diurno (55 dB) y nocturno (40 dB) señalados por los autores como saludables se ven completamente superados en nuestras ciudades, sin que se tomen medidas efectivas para controlarlos.

Disponible en: Mueller N. y cols. Health impacts related to urban and transport planning: A burden of disease. Environment International 2017;107(243-57).

Dr. Juan Francisco Navarro. coordinador del Proyecto Infección Quirúrgica Zero

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