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Sarampión: la vacunación, de momento, imprescindible

El repunte de casos de sarampión lleva a la presidenta de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph) ha insistir sobre la necesidad de la vacunación con el objetivo final de conseguir la erradicación de la enfermedad.

Desde que en el siglo X el médico persa Rhazes identificara el sarampión, hiciera su primera descripción científica y lo distinguiera de la viruela, esta enfermedad endémica altamente contagiosa ha estado presente de forma constante en todo el mundo. En 1529, un brote en Cuba causó la muerte a dos tercios de la población y, en 1531, fue la causante del fallecimiento de la mitad de la población hondureña; en ambos casos la enfermedad fue introducida por colonizadores en una población que hasta entonces era virgen y, por lo tanto, susceptible de contraerla. Se estima que, en los últimos 150 años, el sarampión ha provocado la muerte de más de 200 millones de personas. Sus consecuencias han sido devastadoras hasta que, en 1954, se logró aislar el virus, adaptarlo y propagarlo en cultivo de tejido de embrión de pollo, lo que permitió desarrollar la primera vacuna cuyo uso se autorizó en Estados Unidos en 1963.

A medida que se han ido descubriendo nuevas cepas, la vacuna se ha ido mejorando y se ha podido vacunar a un porcentaje mayor de población, la mortalidad ha ido disminuyendo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de hacer públicos los datos referidos a la última década, los cuales constatan que las defunciones por sarampión han descendido en torno a un 71 por ciento. A pesar de este avance, algunas poblaciones de Asia y África siguen sin estar cubiertas, lo que, debido a los movimientos poblacionales, entraña un riesgo para todo el mundo, haciendo imprescindible seguir llevando a estas zonas planes especiales de vacunación.

En Europa el sarampión se consideró prácticamente erradicado a finales del siglo pasado pero, en los últimos años, se ha registrado un repunte de casos. Solo en España, mientras en 2004 se confirmaron 25 casos, lo que supuso una incidencia de 0,06 por 100.000 habitantes, un 50 por ciento mayor que en 2001, dos años más tarde, en 2006, el número de casos se multiplicó confirmándose 377, con una incidencia de 0,86 casos por cada 100.000 habitantes. Y aunque en 2010 los brotes disminuyeron levemente, fueron declarados 302 casos con una incidencia del 0,66 por 100.000 habitantes, estamos ante datos preocupantes y ante los que las autoridades sanitarias y los profesionales de la medicina y la enfermería debemos analizar los motivos que explican este retroceso y preguntarnos cómo evitar nuevos brotes para caminar hacia la erradicación total.

A pesar de la alta cobertura, existen bolsas de población susceptibles de contraer la enfermedad, bien porque pertenecen a grupos a los que no llegan los servicios sociosanitarios y no tienen acceso a la vacuna o porque pertenecer a generaciones en las que los calendarios de vacunación aún no incluían dos dosis de vacuna como se ha demostrado que es necesario para una buena inmunidad y tampoco han padecido la enfermedad por haberse reducido ya su incidencia; este segmento de la población lo constituyen, principalmente, los nacidos entre 1970-1990 y puede variar según la autonomía a la que pertenezcan. Si bien en el primero de los supuestos la información se presenta como la fórmula más adecuada para aumentar la cobertura, existe un tercer grupo que presenta mayor complejidad y en el que la concienciación no es suficiente en cuanto está formado por familias informadas que defienden un estilo de vida naturalista contrario al uso de productos farmacéuticos y que toman la decisión de no vacunar a sus hijos o hijas poniendo en peligro no solo su salud sino también la del resto de la sociedad.

Desde la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph) nos sumamos a la recomendación de la OMS, que llama la atención sobre la relevancia de que los niños y niñas reciban las dos dosis de la vacuna para lograr la inmunidad. En nuestro país, mientras a más del 90 por ciento les es administrada la primera dosis, la cobertura de la segunda no alcanza este porcentaje y en algunas comunidades se queda por debajo del 80 por ciento como es el caso de Baleares o de las ciudades autónomas de Ceuta o Melilla. Lograr la desaparición del sarampión requiere que el 95 por ciento de la población sea vacunada, para lo cual, tal vez, podría reabrirse el debate sobre la obligatoriedad de ciertas vacunaciones, al menos para el acceso a la educación pública, por ejemplo.

Enlace a la Noticia en "Acta Sanitaria"

 

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